Cali, un paraíso verde que debemos proteger

Cali, un paraíso verde que debemos proteger

Por María Clara Domínguez*

Desde el punto de vista ambiental, la ciudad de Santiago de Cali es un territorio privilegiado, está ubicada sobre el fértil valle del Río Cauca y descansa en las verdes faldas del Parque Nacional Natural Los Farallones. La atraviesan siete ríos, seis de ellos nacidos en los mismos Farallones y otro que viene del Macizo Colombiano.

La ciudad, desde sus inicios, estuvo pintada de verdes, presentes en los cerros tutelares, en los parques de los barrios, en las avenidas arborizadas y en las rondas de los ríos. Cuenta con un clima envidiable, propicio para que la vida florezca en todas sus dimensiones, sol durante todo el año, vientos frescos todos los días, temperaturas amables incluso en las temporadas más frías. No podría tener otro nombre que aquel que le dieron nuestros abuelos, “La sucursal del cielo”.

Ecosistemas como el humedal Lago de la Babilla hacen de Cali la segunda ciudad de América Latina con mejor calidad de aire, después de Salvador de Bahía, en Brasil, según estudio del Dagma.

No suficiente con ello, a 15 minutos de la ciudad, y camino a las partes altas de la cordillera, podemos disfrutar de un clima frío acompañado de neblina y una bebida caliente nacida de los trapiches paneleros de la zona plana. Y si decidimos continuar el viaje por el mismo camino, a solo dos horas nos estará esperando el imponente océano Pacífico con su exuberante selva húmeda y el sabor de la música que gritan las marimbas y los cununos.

Recuerdo una publicidad de hace varios lustros que decía “un caleño en un paradero, mientras espera el bus, puede ver más aves que un canadiense en una salida de campo en su país”, y, aunque parece una exageración, responde plenamente a la realidad del territorio donde vivimos, pero que no vemos, y si lo vemos no lo valoramos lo suficiente.

Somos el territorio preferido de las aves, anualmente, y desde hace 3 años, la ciudad es la sede de un evento que convoca amantes de las aves provenientes de todos los rincones del mundo: el Colombia BirdFair. Es un reconocimiento al potencial natural de nuestro municipio como atractivo para el turismo de naturaleza y el turismo científico.

Colombia es el país con más especies de aves (con el 20 % de las especies del mundo) y el segundo más bio-diverso del planeta.

Como ciudadanos, responsables del futuro ambiental de la ciudad, estamos en la obligación de conocer y comprender las dinámicas sociales y naturales del territorio, tomar decisiones orientadas a la conservación del patrimonio natural y cultural, y finalmente, actuar en consecuencia.

Estamos en mora de asumir como sociedad retos que nos ha impuesto un modelo de desarrollo territorial que no ha dialogado con la riqueza natural del municipio. La invasión e intervención inadecuada de las franjas protectoras de los ríos, la minería en los cerros tutelares y en los Farallones, el crecimiento de la ciudad sobre suelos con alto potencial ecológico, la desaparición de la extraordinaria red de humedales del municipio, las deseconomías asociadas al manejo poco inteligente de nuestros residuos, de la movilidad urbana, del espacio público son sólo algunos de los asuntos que no hemos podido solucionar como sociedad.

Como caleña y vallecaucana, considero que, en conjunto con las fuerzas vivas de la ciudad, empresarios, comunidad organizada, organizaciones no gubernamentales y la clase política, deberíamos diseñar, implementar y liderar procesos que fomenten entre los habitantes de la ciudad prácticas ambientales sustentables orientadas a promover escenarios de bienestar para las comunidades humanas y la vida silvestre.

Familias caleñas asisten a jornada de siembra de árboles.

Fomentar nuevas formas de consumo, entender que más importante que reciclar, es promover formas de consumo que generen menos residuos, que volvamos a las épocas donde reparar, reusar, remediar eran acciones comunes, cotidianas y posibles.

Aunque reemplazar bolsas plásticas por bolsas de tela en nuestro mercado, ayuda a reducir la generación de residuos, lo que realmente tendría un impacto en la conservación de nuestro patrimonio natural, es la transformación de nuestras prácticas de uso, aprovechamiento y consumo de recursos. Comprar alimentos locales garantiza menor impacto en transporte y apoyo al campesinado de la región, desplazarse de forma distinta al carro o la moto ayuda a descongestionar la ciudad, la mesura en el consumo y los usos colaborativos son un aporte extraordinario para disminuir la presión sobre la oferta natural del territorio.

* María Clara Domínguez

CEO de la Fundación Zoológico de Cali, inició como su directora desde Octubre de 1987 después de graduarse de la Universidad Nacional de Colombia en Animal Sciences. Recibió un parque que no se encontraba en las mejores condiciones y logró su posicionamiento como el primero en el país y uno de los mejores en América Latina. Además cuenta con un diplomado en Manejo de Fauna Silvestre Amenazada en Jersey Wildlife preservación trust en 1997 y Specialization in Social Management and International Cooperation (2005). (Universidad San Buenaventura, Cali, Colombia).

Durante su trayectoria como directora del Zoológico ha sido presidenta de la Asociación Colombiana de Zoológicos Acopazoa, en dos períodos. También fue presidente (2001-2003) de la Asociación Latinoamericana de Zoológicos y Acuarios, Alpza, 2004 – 2009.

La Fundación Zoológico de Cali, trabaja con las autoridades ambientales y de educación de Cali. En los últimos años ha liderado programas ambientales en la ciudad a través de las escuelas públicas.