Cali Se Ve incluyente: Así fue la emotiva graduación de 10 exhabitantes de la calle

Cali Se Ve incluyente: Así fue la emotiva graduación de 10 exhabitantes de la calle

Jesús Camilo Rodríguez Montoya observa cómo la maestra de ceremonia le sonríe con amabilidad mientras le ofrece de manera solemne un diploma. El documento rectangular resplandece en las manos de la mujer. Atrás quedaron las noches frías a la intemperie, los días sin comer y las drogas. Jesús ha decidido que no habitará más la calle. Su mirada ahora tiene un brillo especial. Los zapatos relucientes de material, la toga, el birrete y el anillo dorado en la mano izquierda lo adornan mientras, al fondo, 80 habitantes de la calle en proceso de resocialización gritan al unísono “¡Sí se puede! ¡Sí se puede!”.

La emoción que siente Jesús, también la comparten nueve exhabitantes de calle que ven en la educación la salida para reinventar sus vidas. Todos ingresaron al mundo de las drogas por diferentes motivos pero lo que hoy los une son las ganas de pasar la página.

Jesús Camilo Rodríguez tiene en sus manos el diploma que certifica la culminación de sus estudios primarios. Foto: Andrés Echavarría.

A las 3:40 de la tarde el sol pega con fuerza en la sede de la Fundación Samaritanos de la Calle, en San Bosco: el sudor brilla en los rostros de los asistentes. La multitud observa sin espabilar a Jesús Camilo, porque “es un ejemplo que quieren seguir”. Él mismo se limpia la cara con la manga de la toga. Sus ropas tienen el olor característico de las prendas recién sacadas de la lavandería. Reconoce la oscuridad de sus días pasados y, poco a poco, recobra la esperanza de un mejor porvenir gracias a la fundación.

“Habitar la calle le quita a uno todo: el autoestima, el autocuidado. Entrar a esta fundación fue un milagro para mí. Pude volver a estudiar de nuevo. Terminé la primaria hace un año, pero apenas están entregando los diplomas. En este momento estoy cursando séptimo grado en el colegio Santa Librada”.

Empezar a estudiar supuso que Jesús aprendiera a compartir clases con los estudiantes regulares del Santa Librada. En ese colegio es un estudiante más. Ahí lo aceptan pese a la diferencia de edad. Se liberó del estigma y el rechazo. Ahora, como el más juicioso de los alumnos, va a clases de 6:00 a 9:00 de la noche de lunes a viernes. A menudo lo ven portar un morral y útiles. Toma apuntes y repasa para obtener buenas calificaciones.

Una mano a quien más la necesita

“Cuando nadie creía en nosotros encontramos personas dispuestas a darnos una mano. La profesora Mirella y el profesor Miguel nos apoyaron con paciencia y dedicación para nivelar nuestro estudio hasta quinto de primaria. Nunca olvidaré el primer taller con Miguel. Leímos ‘El Principito’ y me sentí identificado con este personaje tan soñador. Desde el primer día uno se siente apreciado. La gente piensa que un drogadicto no cambia, que ‘no puede’, dicen muchos, pero eso es una vil mentira”, afirma Jesús.

En la Fundación Samaritanos de la Calle hay cuatro etapas de resocialización: Jesús está en el último nivel. Sin embargo, hace dos años, cuando ingresó por primera vez por las puertas de este acogedor lugar en San Bosco, traía un costal al hombro, tenía el cabello largo y la barba desarreglada. Llevaba tres meses sin bañarse y ni siquiera podía sentir su propio hedor. Él recuerda que “solo sentía rechazo en la calle, pero al llegar me dieron comida y aseo de inmediato”.

Jesús abandonó el alcohol, las drogas y el cigarrillo. Relata que la profe Mirella lo motivó a emprender los estudios de nuevo, a pesar de que solía decirle: “Profe, es que a mí las drogas me quemaron las neuronas y yo ya no sirvo para eso”. Ahora está tan entusiasmado que se confiesa amante de las ciencias naturales y se enorgullece de su habilidad con las operaciones básicas. Suma, resta, multiplica y divide con mucha destreza y, es más bien, “regular para la clase de lenguaje”.

El pasado día de la madre, Jesús le escribió a su esposa por Facebook. Debido a sus malos vicios, ella lo abandonó cuando estaba embarazada y su hijo menor tenía dos años. Partieron en el 2005 para Ibagué en busca de un entorno más estable y, desde entonces, Jesús dejó de saber sobre ellos.

En el mensaje que le mandó a Katherin, su esposa, le dijo que estaba trabajando fuertemente. Le contó que se estaba esforzando por levantarse y dejar a un lado la vida que lo había hecho perder a sus hijos: Yicson Duván, quien ahora tiene 15 años y Neifi Niyeré, de 12 años.

“Cuando mi esposa recibió el mensaje no lo podía creer porque pensaba que yo estaba muerto, pensaba que alguien le estaba jugando una broma de mal gusto. Luego de hablar en repetidas ocasiones, ella vino a Cali y luego de un mes yo viajé a Ibagué para reencontrarme con mi familia. Así haya pasado mucho tiempo, nos volvimos a reenamorar y estamos felices de volver a estar juntos en el mismo camino”, asegura Jesús.

En diciembre, esta pareja que estuvo separada por más de una década, oficializará su amor. El lugar escogido para la ceremonia fue la Fundación por ser el lugar donde, según él, logró alejarse del mundo de la droga y tener ideales por los cuales luchar. Ahora, este exhabitante de la calle repite, con muchas ansias de progresar, que desea dejar su pasado atrás y empezar desde cero una nueva vida.

La semillita de la esperanza

La fundación Samaritanos de la Calle acompaña a las personas resocializadas hasta la puesta en marcha de un proyecto productivo para que puedan solventar sus gastos en esta nueva vida. En el mes de julio, los 10 graduados presentaron sus proyectos. Jesús presentó uno sobre perfumería, su gran pasión.

En el hogar de paso, recibe el acompañamiento permanente de profesionales de terapia ocupacional y economistas en la creación y desarrollo de los proyectos de emprendimiento. El Secretario de Bienestar Social, Esaúd Urrutia Noel, y miembros del Sistema de Atención Integral al habitante de la calle son los jueces encargados de evaluar la viabilidad de los proyectos y otorgarles el capital semilla para la implementación de negocios que mejoren la calidad de vida de las personas resocializadas.

Para Jesús, las siguientes metas a cumplir son graduarse como bachiller de Santa Librada, consolidar su emprendimiento y entregarle a su familia todo el amor que ha represado por doce años de ausencia.